martes, 17 de junio de 2008

El rol del Observador de Grupos

La tarea del observador en el trabajo con grupos, consiste en el registro de datos que permitan el planteamiento de hipótesis acerca del desarrollo del proceso de interacción de un grupo, en relación con sus objetivos, con las modalidades de abordaje de la tarea, con los obstáculos que se presentan en ella, con la resolución o no de esas dificultades, etc.

La función de observación, implica tanto la recolección de información como el análisis e interpretación de esos datos; esa lectura, desde un marco conceptual, referencial y operativo, facilita el seguimiento del proceso y ayuda a seleccionar y jerarquizar algunos datos en desmedro de otros. Esta función no es exclusiva del observador, sino que es realizada, también, por el coordinador del grupo, permitiendo al equipo la formulación de hipótesis y la toma de decisiones para el mejor desenvolvimiento del grupo.

Es muy importante en el cumplimiento de esta función, el desarrollo de la autoconciencia, la adquisición o el aumento de la tolerancia a la frustración y de la tolerancia a la espera. Cuando se observa hay que aprender a controlar la ansiedad. Esta, muchas veces se presenta, como ganas de gritar o salir corriendo. Van a tener que aprender a tolerar ese tiempo de espera hasta salir del grupo y encontrarse con el coordinador para hablar de lo que sintieron. En esos momentos si pueden escribir lo que les pasa y de alguna manera descargar las ansiedades.

La tolerancia a la frustración va a jugar un papel importante durante este proceso porque, al principio, va a haber indicios que parecen poco importantes en relación a la expectativa frente al rol. Primero tendrán que aprender a mirar, saber cómo identificar a los integrantes, aprender los nombres, cada uno con su tiempo; cómo van a registrar, a abreviar. Esto es un aprendizaje imprescindible. Otro aprendizaje necesario es ir sabiendo que no se comprende o entiende al grupo desde la primera reunión. Esto puede ser tranquilizante pero también frustrante.

El Observador, al ocupar un rol desde el silencio, es decir, sin la exigencia de participación verbal, puede ir leyendo la dinámica grupal desde una distancia que le permitirá, a posteriori, realizar una devolución de los emergentes.
Para hilvanar hipótesis que ayuden a la comprensión del proceso grupal, van a tener que darse tiempo. Desde este punto de vista, su rol es específico y se transforma en un co-pensor del coordinador, lo que enriquecerá permanentemente la tarea.

El aprender a observar no es una tarea fácil; por el contrario, presenta algunas dificultades. El hecho de no participar de la interacción verbal, no lo margina del despliegue de los procesos transferenciales y contratransferenciales que se producen en el ámbito grupal y tampoco lo libera de vivenciar las identificaciones con los integrantes. Al mismo tiempo, esta función requiere un nivel de objetividad muy difícil de lograr al principio.

El instrumento de registro para esta función es la Crónica; ésta da cuenta de todo lo acontecido en el trabajo grupal, tanto de los elementos explícitos como de los implícitos, con los cuales el observador va pensando en ciertas hipótesis. Al mismo tiempo, en ella también se registran todas las vivencias, sentimientos, sensaciones, que el observador va experimentando a partir de la interacción grupal.
Es por eso que sugerimos dividir la hoja del registro en dos partes verticales para anotar las intervenciones de los integrantes, sobre la izquierda, y todo lo que le pasa y siente el observador, sobre la derecha.

Se pueden diferenciar cuatro etapas en la construcción del rol:

1) La construcción del lugar:

Esto implica ir pasando de integrante a observador. En un comienzo uno se ubica, desde el lugar conocido, o sea como un integrante más. Pero, el lugar de silencio que impone el encuadre, ayuda a la búsqueda de otra ubicación y a encontrar la distancia necesaria. En las primeras reuniones el observador se diferencia poco del integrante, en especial desde su mundo interno.
Cuando el grupo trabaja, él desde su lugar, discute la temática, toma partido en las discusiones y pierde de vista la totalidad. Las vivencias del grupo reactualizan sus propias experiencias, lo que se transforma en obstáculo para la observación propiamente dicha. Debe entrenarse en ver, oír y registrar, y esto parece sencillo pero lleva su tiempo. Por eso es habitual que las crónicas, en este inicio, sean ilegibles, inconexas, espacios en blanco (lagunas), o alteraciones, que van desde malos entendidos hasta frases no dichas.


2) El nivel descriptivo:

A medida que el observador se va instalando en su lugar, va disminuyendo su ansiedad y puede aprender a mirar el grupo, las conductas que se suceden, y entonces, registrar lo obvio, lo observable. En esta etapa hay como un deseo de interpretar lo que pasa y no describir lo que se ve; esto está ligado a otros temas: lo objetivo y lo subjetivo, y la posibilidad de descentramiento. Es necesario aprender a diferenciar lo que es mío de lo que es de los demás, realizar un relato descriptivo de lo sucedido. (la objetividad absoluta es imposible).

3) El nivel interpretativo:

A partir de lo observado se pueden formular hipótesis, es decir, darle un significado al acontecer grupal. Ello implica el aprendizaje de la lectura de lo latente. Es posible acceder a este nivel si el observador ha logrado aprender a describir el proceso; ha aprendido a diferenciar lo que le pasa al grupo y lo que le pasa a él; si tiene un conocimiento más profundo del proceso grupal y si se apoya en la lectura de bibliografía al respecto. Al principio, dichas hipótesis quedan a cargo del coordinador, quien muchas veces, las llevará al grupo a través de intervenciones, que podrán ser operativas o no. La continuidad del proceso lo dirá.
4) El nivel estratégico:

En las reuniones de equipo, cuando se comparte la lectura y análisis de las crónicas, se podrán ajustar estrategias en relación al grupo. Por ejemplo, privilegiar determinada línea de intervención, pensar algunas técnicas facilitadoras, promover la participación de los más silenciosos, etc.



Todo proceso grupal presenta diferentes momentos, en cada uno de los cuales es preciso prestar más atención a determinados indicios:

En la Apertura, o sea en la iniciación formal de la reunión grupal, se puede observar: asistencia, puntualidad, formas de entrar de las personas (solas, en subgrupos, etc.). Conversaciones previas a la iniciación del grupo (qué características tienen). Cómo se disponen espacialmente (si hay obligaciones, situaciones significativas, etc.). Qué actitudes corporales adoptan. Cómo se desarrolla la dirección de la comunicación; si hay silencios, de qué tipo, muchos, pocos. Cómo es el clima grupal (tenso, afectivo, hostil). Características de las primeras intervenciones: si inicia un integrante o el coordinador, si hay cambios, situaciones significativas, etc. Cuál es el tema que se aborda en este momento grupal y cómo se lo aborda (directa o indirectamente).
En este primer momento se puede analizar, a partir de la apertura, cómo es la relación con la tarea (positiva, negativa, con obstáculos) y el monto de pre-tarea, en el sentido de formas evitativas de la temática o estereotipos. También se pueden ver los roles que se ponen en juego en este momento.
Ya es posible plantearse algunas hipótesis en relación a las dificultades que se presentan con la tarea y a la resolución de las mismas por el grupo, teniendo en cuenta el tipo de ansiedades que se manifiestan, explícita o implícitamente.

En el momento de Desarrollo, es decir del desenvolvimiento, el grupo está instalado en la situación grupal. En ella se puede observar a cada uno de los elementos del cono invertido descripto por E. Pichon Riviére y que representa las diferentes líneas de fuerza que se dan en un proceso grupal:

Pertenencia: hay facilidades para comunicarse, grados de receptividad, códigos y el lenguaje de los integrantes incluye al grupo. Aparecen referencias a otros grupos. Esta pertenencia puede estar vinculada a la tarea o apoyada solamente en necesidades afectivas. En relación a reuniones anteriores, ¿creció, disminuyó o se mantuvo igual?; ¿frente a qué situaciones?. Es posible en este punto pensar qué favoreció la pertenencia y qué la obstaculizó.

Cooperación: ésta se puede observar a través de la participación en el diálogo de muchos de los integrantes o, por el contrario, de sólo algunos; estos ¿aportan coherentemente a la tarea?, ¿ayudan a integrar los aportes o compiten entre ellos?, produciendo de esta manera situaciones dilemáticas. En este momento se visualizan roles complementarios o suplementarios. Es posible evaluar aquí el grado de cooperación que se ha desarrollado en el trabajo grupal y su fluctuación en relación a determinados temas o situaciones.

Pertinencia: ésta se puede visualizar en la direccionalidad con la tarea, es decir, si los aportes fueron adecuados, enriquecedores. Significa verificar cómo se conectaron con ella, qué temas trataron, si hubo déficit en el nivel de información. Qué obstáculos se opusieron al logro de esa pertinencia o qué otros la favorecieron.

Comunicación: ¿se produce en el grupo una interacción verbal intensa, escasa, regular?; hay comunicación gestual; se escuchan, son receptivos? ¿Qué tipo de códigos se juegan en la interacción; algún integrante o subgrupo se queda marginado? ¿Cuáles son las direcciones de la comunicación; hacia el coordinador, hacia un integrante determinado, a subgrupos, etc.? ¿Qué obstáculos se produjeron y qué situaciones favorecieron la comunicación?

Aprendizaje: Síntesis instrumentales logradas por el grupo. ¿Pudieron realizar proceso de discriminación e integración?; ¿se puede decir que hubo producción grupal, desarrollo de la creatividad?, ¿se observan modificaciones en relación al pensar, a los estereotipos? ¿Cuál es la reacción frente a los señalamientos del coordinador? ¿El grupo se visualiza a sí mismo pensando, aprendiendo? ¿Se va configurando un ECRO común?

Tele – Clima Grupal: ¿es predominantemente afectivo, cálido, hostil? ¿El clima del grupo es de valorización de los miembros, de rechazo? ¿Los integrantes buscan contacto, lo eluden? ¿Se dan situaciones de liderazgo, de qué tipo? ¿Ante qué situaciones el clima varía?
Las hipótesis generales sobre el desarrollo grupal se pueden visualizar en relación con la tarea en términos de articulación de la pertinencia (lo prescripto, la elaboración de ansiedades y formas de interacción) y en cada momento de la misma.

Monto de Pre- Tarea: Técnicas evitativas, defensivas, destinadas a defender a los integrantes de las ansiedades que implica la realización de la tarea (cambio). Intensidad. Características. Momentos y situaciones ante los cuales el grupo apeló a estas técnicas.

Monto de Tarea: Momentos en que le grupo logra el esclarecimiento, elaboración de ansiedades que le permite la penetración del objeto de conocimiento, la modificación en las formas de interacción, la incorporación de recursos, la apertura hacia la planificación. Procesos articulados de discriminación e integración. Situaciones en que se dio la tarea. Modificaciones significativas del proceso grupal. Actitud ante el cambio: positiva, resistente.

Proyecto: El grupo relacionado positivamente con su objeto y adquiriendo identidad a través de la tarea, planifica, regula su acción. (¿Se dio, no se dio, ante qué situaciones?). Realizabilidad y pertinencia del proyecto grupal.

Cierre: o momento de clausura de la reunión. Actitud del grupo ante la finalización de la reunión. (¿Lo advierte, no lo advierte?). ¿Se da una síntesis de la tarea? Esta síntesis la hace el coordinador o un integrante? Clima que caracteriza a este momento grupal. ¿Los roles se mantuvieron fijos o se dio movilidad?


Estas ideas pretenden acompañar al lector en el aprendizaje de este rol. Las mismas surgieron del intercambio de experiencias en equipos, durante muchos años de trabajo con grupos y también de los aportes de colegas y maestros de la psicología social. Por lo tanto podemos decir que ya pertenecen al colectivo social.

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